martes, 23 de abril de 2013

Síntomas de la "Tomatosis"

Mixomatosis

La mixomatosis (mixoma, tumor de los tejidos conjuntivos) llamada vulgarmente tomatosis, es una enfermedad infecciosa de origen vírico que afecta a los conejos. El agente causal es un Leporipoxvirus de la familia Poxviridae. Se caracteriza por tumefacciones en la piel y en las membranas mucosas, particularmente en cabeza y genitales. Después suele evolucionar a conjuntivitis aguda y a veces ceguera. El conejo se vuelve apático (...)

Con este panorama es imposible la creación. Así que me he dedicado a la vida contemplativa durante todo este tiempo.


Pero esta mañana me he levantado y me he dicho: que narices. Es mucho mejor vacunarme con la receta de mi abuela, una coneja como es debido.

El remedio, poco más o menos es el siguiente:

Para las tumefacciones en la piel una bañito de Teflón para que nada me afecte y todo me resbale. Y es que con la que está cayendo hay que ir así por la vida... aunque luego los de San Ignacio te pueden meter un paquete por plagiarles el invento. Que aprovecho para agradecerles, porque desde que existen las sartenes con dicho material no he vuelto a fregar con desgana los cacharros de la comida.

Para lo de los mocos lo tengo comprobado: kleenex, o como dirían los alemanes... que ahora esta de moda: kleenex. Aunque una buena bofetada no viene mal, te sopla las mucosidades y sobre todo no te llegan al cerebro los problemas.

De lo del cerebro, ¿qué os voy a contar?. El tema está igual que siempre y no veo por qué tengo que tener especial cuidado con algo que me lleva sin funcionar tantísimo tiempo... No creo que a estas alturas de la película alguien se haya dado cuenta de que el pistacho no tira. No soy un tipo sospechoso: tengo puntos en el carné de conducir, mis hijos me llama papi, hago que voto cada cuatro años y todavía se decir "si señor guardia" sin que se me trabe la lengua después de bajar de Mataelpino de ver jugar al Madrid. Puedo seguir fingiendo.  

Con los órganos genitales, me da un poco de reparo reconocerlo, ando asustado. No es que vaya a darles una ampliación de jornada por aumento de la producción, pero si que pienso lo feo que voy a estar este verano con el bañador Turbo sin los atributos que lo lustran. Me viene a la cabeza el trasero de Bocata cuando sale al parque con la cola tiesa, dejando en evidencia el trance que pasó para ingresar en el Olimpo de los Contra Tenores (Michael Jackson, Fredi Mercury  o Caruso, sin ir más lejos, están catalogados como contra tenores).

Conjuntivitis no tengo... lo que pasa es que me lloran los ojos cuando veo tanta tontería. Ya os contaré... ya. Pero hay que estar al pié del cañon y en lucha continua para que esto no se nos vaya de las manos. Desde luego hay que controlarlo porque de la conjuntivitis a la ceguera hay un palmo, que a más de eso no veo de cerca últimamente.

Pero apático no me he vuelto. Por eso... para que nadie piense que tengo "tomatosis", me he propuesto hacer una entrada a la semana, para que no me den por muerto.

Un abrazo muy fuerte a todos.
 







lunes, 13 de febrero de 2012

14 de febrero

Mi amigo nunca se creía que fechas como esa fueran tan señaladas en el calendario. Más bien suponían veinticuatro horas más de entre las ocho mil setecientas y pico que tenía el año. Ese periodo de tiempo que veía pasar delante del almanaque que puso tras la puerta de la cocina cuando llego a Río Grande.

Recordaba, con nostalgia, que cuando llegó lo clavó con una chincheta que encontró en un cajón, el primero que abrió, y ya entonces le pareció que más que un calendario era una fecha de caducidad de aquella vieja casa de la Avenida Bernardo O'Higgins cerca del puerto.

Aquellas cuarto paredes constituían la mejor empalizada que pudo hacer tras su travesía atlántica desde España en dirección a ninguna parte, o quizá mejor, en dirección a la parte que más alejada de sus problemas, tuviera suficiente distancia como para que estos no le alcanzaran. No fue una travesía propiamente dicha, sino un trabajo en toda regla, de los que hacen cayo a un tipo blandito del interior. Que siempre había andado con los pies en la tierra y que jamás los puso en una cubierta de barco... ni mucho menos en un carguero transatlántico. El caso es que como aprendiz de cocinero cualquier barco valía, y si había que poner de por medio millas y millas náuticas ese era el mejor modo de hacerlo.

Fueron días y días de cocina, de olas de muchos metros y de vomitar y vomitar aquel rancho infame que salía de los fogones, así que en la primera ocasión que tuvo de poner pie en el puerto, arregló los papeles y se despidió de sus compañeros en una fiesta que todavía hoy es recordada por muchos lugareños.

Su vida, a partir de entonces, fluía como la seda en esa zona tan austral del planeta, sin que supusiera el más mínimo reparo haber dejado en su país natal su vida, sus recuerdos, sus amistades y todo lo que en casi cincuenta años de vida construyó de la manera que se esperaba. En este nuevo lugar iba a comenzar a hacer aquello que nadie esperaba verle hacer. De modo que ese calendario de la cocina obró el milagro de sanar su espíritu por mediación de los días tachados en él, que se acumulaban, uno tras otro, en ese año que casi había pasado desde que llegó.

Mi amigo tuvo un nuevo compañero de fatigas: un bull terrier blanco al que puso por nombre Narco. Se lo regalaron unos vecinos de su calle una mañana de verano, en un rastro que pusieron en el jardín de casa durante el fin de semana, con la idea de quitarse de encima una enorme camada de seis crías que la madre trajo al mundo fruto de los amores de vete tu a saber qué perro. Narco, entonces, no lo sabía, pero erra un perro sin raza, mezclado con genes de vete tu a saber... quizá por eso vino el regalo y no la venta.

Resultaba bastante simpático ver al Gallego, que así llamaba la gente del lugar a mi amigo, paseando por la playa durante la bajamar. Cuando Narco se quedaba retrasado y había que llamarle: - Narco, coño... no te quedés ahí. Que se hace tarde.

En ocasiones, algún transeúnte se había quedado impresionado por ver al perro, entender su nombre y comprender que su ferocidad podría ser un problema. Pero la verdad es que Narco era tan inofensivo como un peluche y jamás se le hubiera ocurrido dar un triste ladrido... de la amo, tal perro.

Esos paseos se sucedían, invariablemente, los martes y los jueves, a las 9:30 hora local de España, una diferencia de cuatro horas menos. ¿ Tradición? ¿manías?... - Cualquiera sabe!. O eso es lo que decían los lugareños cuando veían a mi amigo corriendo por allí, embutido en unas finas licras a hombre y animal pasando frío. O eso pensaban, porque la verdad es que la tradición mandaba que esas carreras fueran de ida y vuelta por la Playa hasta la escalera que comunica la Avenida hasta la arena. A toda velocidad por hacer un poco de deporte al que Narco, a la vuelta del recorrido hacía ascos y retrasaban el paseo. Mi amigo, entonces, siempre le reprendía la actitud y le llamaba para acelerar el regreso.

Hoy martes, mi amigo está dando la vuelta a la playa y llega a la altura de la escalera... Narco va detrás de él a buen paso, pero todavía sabe que le queda un buen trecho, de modo que se encamina a los peldaños moviendo el rabo de un lado a otro mientras reconoce en el silbido de la persona que le llama un tono tranquilizador que no puede resistir. Al acercarse a ella siente una cercanía que nunca había experimentado y se sienta cerca de ella esperando a que su amo aparezca.

Este, al ver a Narco con una persona inesperada, sin dudarlo le llama. Al no obtener respuesta acelera el paso y llega a las proximidades de la circunstancial pareja para reconocer la silueta de ella.

Joder...!. Un vacío le empieza a recorrer el alma, desde lo más profundo hasta la superficie de la piel.

Sabía que esto podría llegar a pasar, pero nunca jamás se había parado a meditar sobre ello. Hoy, 14 de febrero, día de San Valentín, habían empezado de nuevo sus problemas.

… Continuará

martes, 8 de marzo de 2011

Y por la noche...

Ayer por la noche mi amigo Ángel me salvo del desconsuelo y me citó para dar una ronda en bici de montaña a las 21:45.

Lógico, ¿no?. A quién se le ocurre salir a montar en bicicleta de montaña por la noche; además en la Sierra de Madrid en pleno mes de marzo y con la luna tan espléndida como raquítica. Pues os tengo que decir que se le ocurre a gente buena. Gente de corazón y de tripas. Que se lo pasan francamente bien haciendo lo que le gusta a horas que, para empezar, no molestan a nadie.

A esas horas nocturnas las cosas pasan más despacio. Los latidos del corazón esforzándose cuando lo estrujas contra el pecho para sacar fuerzas y superar los caminos más escarpados; las pupilas fijándose en los trozos del camino iluminados por los focos de las linternas; la mente... en difinitiva, despacito, pensando en los problemas del día y los de mañana.

Con la oscuridad como única compañera el esfuerzo se hace más íntimo, y la sensación de paz que te rodea te hace incluso mejor persona que los que has dejado atrás en el día. Les superas porque mientras ellos duermen tu haces lo más divertido del mundo sin que lo sepan. Probablemente dirán que estas gilipollas o peor... que no tienes ni idea. ¡ Con lo bien que se está en la cama!. Pues no... donde mejor se está es dando pedales en el Camino de Santiago. Dejando que la mente se vacíe de juicios y de problemas mientras escuchas el rumor del agua de los reatos que bajan furiosos por la ladera de la montaña. Sintiendo como te vas ensuciando de barro que salpica la cara y la ropa cuando pisas charcos que, en otras circunstancias de mejor visibilidad no hubieras pisado. Igual que un cerdo en pleno disfrute del baño en el lodazal.

¡ Qué más da... si nadie te ve!.

Un gran amigo me contó una vez que a la gente que le gusta ver mucha montaña le viene bien hacer mountain bike porque así en un corto espacio de tiempo, digamos dos horas ¿vale?, le da tiempo a ver mucha. Pues creo que el corolario de este pensamiento es que a la gente que nos gusta ver mucha montaña, recorrerla en bicicleta por la noche nos hace sentirla de otra forma que los que la caminan por el día no conocen.

Esa comunión con la naturaleza y con el espíritu solo se consigue a altas horas del día.

Y si lees esto y piensas que estamos mal de la cabeza y que lo mejor es que nos quedemos en casa durmiendo. Tienes razón... estamos locos y es mejor que no salgáis a recorrer caminos a esas horas. Dejarnos esa magia a nosotros.

Desde la madriguera, se despide este conejo que os quiere.


Buenas noches!.

viernes, 18 de febrero de 2011

... Y las tantas sin dormir!

Lo mejor para pasar una noche de insomnio es ponerse a ver la televisión de madrugada. Además, con una buena manta y la chimenea bien llena de leña de encina chisporroteando a fuego lento y dando calorcito mientras disfrutas de una buena taza de café humeante en las manos. Acurrucado en la esquina del sofá y, con una luz indirecta para que no moleste del destello de la pantalla.

Además, si es en tu casa, es insuperable.

Cuento esto porque de un tiempo a esta parte este conejo que os quiere gusta de tomarse un mix de hierbas relajantes y narcotizantes por la noche después de cenar. ¿Qué ocurre? os preguntaréis. Pues nada en particular, pero a resultas de la crisis de los cuarenta mi cuerpo se ve sometido a ciertas presiones hormonales que me hacen seguir los dictados de mi cuñada La Hierbas y parece que la vida me está cambiando, de tal manera que de tanto descansar, el cuerpo se ha declarado en huelga de sueño y ayer me toco dormir solo cuatro horitas.

El resto me las pasé viendo la televisión con el dedo pulgar de la mano en el botón de cambio de canal del mando oprimiendo a alta velocidad. Tan velozmente, que creí pasar por La Sexta en un momento en que Lobato aparecía en la pantalla para decir que iba en vuelta rápida. Acojonante.

Me di cuenta de que en España somos gilipollas, muy perezosos o, incluso, incultos. Lo primero por no hacernos con los fantásticos botes de premio que había en los diferentes programas de llamadas concurso, de esas en las que sale un famosete de Gran Hermano pidiendo con tono sobre actuado que llamemos para contestar de qué color era el caballo blanco de Santiago... que digo yo que debía ser el mismo que tenían Camarón, Hendrix y el mayor de los Urquijo.

Lo más sangrante es que que somos perezosos por no llamar, y lo digo porque el insomnio me viene a mi por exceso de descanso y miorelajamiento personal previo, pero entiendo que un veinte por ciento de la población anda mano sobre mano con esta desaceleración que vivimos (usando la terminología psoelística) y a lo mejor por la noche no pega ojo... y si no llamas para hacerte rico del tirón cuando ves un bote de 40.000 € es que eres un holgazán de cojones.

Lo triste es que el informe PISA va a taner razón:

“De los tres criterios que mide PISA – comprensión lectora, competencia matemática y competencia científica – España solo mejora levemente en la primera y en el computo global se sitúa ligeramente por debajo del promedio de los Estados. Pobres resultados si tenemos en cuenta que ya en el examen del 2006 la educación española registró unos pésimos resultados”.

Y lo que pasa es que esa mejoría en la compresión... así en general, es de risa, por que no comprender que esa programación es una puta vergüenza y no sacarla a tomatazo limpio de la parrilla de la televisión es más bien una muestra de que la competencia matemática o la científica (¿quién regala duros a peseta?) no están mucho más lejos que la primera.

En fin, que el panorama es desolador... y si a eso le añadimos el tema de Bellas y Ambiciosas, apaga y vámonos. Digo lo de apaga y vámonos porque no voy a explicar lo que haría un Conejo machote como es debido a esas horas viendo en primera linea cómo se enfilan veinte uñas hacia Montanchez. Que uno es Conejo, pero decoroso al fin y al cabo.

Lo dicho, que espero haberme cansado suficientemente en el día de hoy para no pasar por el mismo calvario esta noche.

Saludos desde la madriguera de este conejo que os quiere.

lunes, 14 de febrero de 2011

Quince quesitos

Es como sentir que algo te falta para recuperar la risa. Yo trato de imaginarme que soy una caja de quesos en porciones de esas de dos plantas a la que le falta un quesito en la de abajo. Por eso cuando me observáis en el frigorifico de mi vida pensado que me conservo, lo que siento es que un trozo de mi se ha ido a tomar por culo y os escondo ese dato.

No es una sensación agradable... y lo más jodido es que de cara a los demás tienes pinta de que no te han quitado el precinto. Pero más allá del envoltorio, yo y el resto de quesitos sabemos que nos falta uno.

Quizá esta reflexión sea la traza de una pena negra que me inunda el alma esta fria noche de invierno serrano y que después de mucho tiempo madurándola he sabido asimilarla para poder pintarla en el lienzo de mi vida... a la manera del Conejo; o quizá solo quiero hacerme un abrigo de ella y quitarme el frío que me deja.

La verdad es que ha sido relativamente corto el tiempo que tardé en tomar conciencia de ella, pero si os aseguro que es el suficiente para que me la quede toda la vida. Formará una de esas bonitas cicatrices que te deja vivir con la frente bien alta en este puto mundo y que marcan el cuerpo... por fuera y por dentro. De las que un día te gustaría no haber tenido, pero que te hacen más fuerte.

Y de todas formas, siendo justo, son solo dieciséis las porciones que vienen de serie en el paquete. Así que con quince no se vive tan mal... y se pesa menos.

Se despide de vostros desde esta madriguera este Conejo que os quiere. Fuera hace mucho más frio.

Buenas noches.

martes, 18 de enero de 2011

Zuri el gato canalla

Un gato, un puto gato. De esos que te encuentras en la calle tirado y que se te arrima el muy cabrón porque no encuentra alguien gilipollas que le quiera dar un achuchón y, de paso, darle un plato de comida calentita... o fría, que para el caso es lo mismo: comer de gorra.

Puto gato de mierda que te camela con zalamerías para que le des una existencia plena de calorcito de ese que sale del gas natural y del sudor de tu frente para que cuando llegues a casa te asalte la duda de si el muy hijoputa ha estado tirando de tarjeta de crédito para comprar en la teletienda.

Un caso tú!. Luego le ves con esa cara de no haber roto un plato. Ojos enigmáticos que te atraviesan y parece que te dicen: - ¿Qué pasa pringao? ¿Otro día de mierda en el trabajo? ¿Le habrás chupado el culo al Jefe para sacar el jornal por lo menos?.

En fin, que de unos de esos sacos de pelos y malas pulgas comienza la saga que titulo Zuri el gato Canalla.

Os quiere,

El conejo

martes, 28 de septiembre de 2010

AL OTRO LADO DEL ESPEJO (Capítulo 2º)

Contemplando su cuerpo frente al espejo encuentra motivos sobrados para recorrerlo con sus ojos, se pierde en pensamientos y aleja de ocupaciones mundanas, como saber qué hacer para cenar o qué ropa recién planchada guardar en los cajones.

Son todas esas tareas las que S prefiere no glosar cuando una irresistible fuerza le lleva a cerrar los párpados y comenzar a reconocer lo que le es más cercano. El cesped verde y mullido que pisan sus piés, o aquella sombra del sauce que le espera junto al arroyo que baja de la alta sierra cargado de agua, como cada primavera.

Es una imagen bonita de verdad, y no me extraña que S la quiera revivir cada vez que se mira frente al espejo. Con todo, dentro de ese espacio de vez en cuando hace más frío que en la realidad de la que viene. Pero no importa, es un nuevo lugar al que se abre, lleno de recursos que están al alcance de sus dedos.

Hoy S prefiere deambular por la pradera que hay detrás del bosque que rodea la casa. Se accede a ella después de pasar por un intrincado pasaje en medio del hayedo. Es un poco tenebroso porque a las hojas secas que el otoño va dejando en el suelo del bosque hay que añadir que jamas la mano del hombre practicó poda alguna, de la misma forma que jamas hubo ningún tipo de aprovechamiento ganadero de aquellos recursos.

Ahora que lo pienso... no os dije hasta ahora que ese fantástico lugar no conoce vida humana que no sea la de S. A veces lo hemos hablado y siempre llegamos a la misma conclusión. No me invita ni me va a llamar desde allí para que no rastreen la comunicación.
Esa pradera es de enormes dimensiones. Como cinco o seis hectáreas de verde intenso y olor a eno recién cortado, con flores blancas todo el tiempo y un clima seco... . En medio de aquel espacio, un enorme promontorio de rocas con formas gastadas cubiertas de musgo tupido que bien pudiera pensarse que alguna vez fue el sillón desde el que contemplar el vasto cielo.

O al menos a S así le pareció, puesto que cuando se cansaba después de andar por el bosque o por la pradera buscando flores le gustaba sentarse allí y mirar el enorme azul.

Fantasea con poder volar, elevarse sobre sus pies y poder observar a vista de pájaro aquello que por ahora le parece un paseo infinito, que nunca abarcaría a pié pues siempre le parece mejor opción pararse y descansar.

Creo que S se ha resignado a su particular escaparate desde el que poder admirar CONTINUARÁ